Para pensar sin pensar





“En la serenidad emerge lo maravilloso,

en la luz se olvida todo afán.”

Mò zhào míng

Canto a la Luz Serena




17 de diciembre de 2014

Periodos felices


Muchas veces nos escuchamos diciendo frases como: “Hace años yo era más feliz”, o “Con esta persona viví los mejores momentos de mi vida”, o también “Si tuviera más dinero podría hacer lo que quiero y estaría más contento” y tantas otras. En realidad deberíamos estar conscientes que la felicidad que sentimos asociada a ciertos eventos proviene desde adentro, y que no depende de las circunstancias ni de las personas vinculadas a ellos.

Es mucho más fácil externalizar la felicidad, hacer que dependa de lo que pasa afuera, ya que así no asumimos la responsabilidad que cada uno de nosotros tiene de crear una existencia plena. Tomamos el camino de bajada, corriente abajo, el camino que nos lleva a ser dependientes de lo que ocurre en el exterior para ver si nos hace felices o miserables.

Los períodos de tu vida en los que has sido más feliz no dependieron de las personas que te rodeaban, ni del trabajo que tenías, ni de cuanto ganabas para vivir, esa felicidad solo la experimentaste porque estabas presente. Lo que pasa es que nos es mucho más fácil cuando lo de afuera parece ir bien y ser armónico (como cuando tenemos un buen trabajo y una relación que nos llena, por ejemplo).

Debemos apuntar a estar siempre presentes, cuando los eventos muestren ser favorables o desfavorables (lo cual a fin de cuentas es una ilusión, ya que a la larga todo nos termina ayudando).

Cuando estamos presentes somos felices. Esto ocurre porque somos en esencia felicidad pura y cuando no estamos juzgando. ni masticado el pasado, esa felicidad intrínseca se expresa.

Así que ya sabes, esos periodos felices, esos tiempos mejores que tanto añoras, dependieron únicamente de ti y de como te planteaste la vida en ese momento. Hoy tienes la capacidad de hacer de este momento el mejor momento de tu vida, y más nos vale hacerlo, ya que este momento es el único que existe.

Por Nicolás Tamayo

9 de diciembre de 2014

La utilidad de los juicios


Mucho se proclama como virtud el “no juzgar”, pero a pesar de ser considerado un gran paso en el camino de la comunión con los otros, el  acto de juzgar tiene una faceta útil: le sirve a quien juzga para darse cuenta de que es lo que le molesta de sí mismo (esto siempre y cuando se logre ver con altura de miras).

El juicio es hijo de la separación, del sentimiento ilusorio de que estamos separados. Cuando uno acepta que somos parte de una trama, que somos como gotas conformando un gran océano, uno logra darse cuenta de que “el otro” ( todo “lo otro”) está actuando como un espejo que me devuelve imágenes de aquello que estoy siendo, y dentro de eso hay imágenes que nos gustarán y otras que intentaremos negar, pero que independiente de la aversión que podamos sentir por ellas, son parte de lo que somos.

El “juzgado” seguirá viviendo como vive con o sin las replicas o críticas del juzgador. Mientras este último seguirá viviendo en la ilusión de que el otro es “aparte”.

Si se quiere hacer algún cambio, hay que partir por adentro, ya que lo único que educa y es “enseñable” es lo que uno ES. Enseñar significa mostrar, señalar algo, y lo único que puedo mostrar es lo que soy, no lo que digo que soy o lo que me gustaría ser. Cuando yo digo, por ejemplo,  que no me gusta el futbol o la tele (o expreso mi aversión por cualquier cosa que “juzgo” por “debajo” de mi por inmoral,  por estúpido o por simple) en realidad no estoy enseñando nada, solo muestro que cierta cosa a mi no me gusta. Es casi una queja pueril, un intento de diferenciarme de aquello que a mí no me gusta. Una autodefinición a través de la negación del otro.

Lo que enseña es la convivencia, la experiencia compartida, el espacio conversacional y ahí el juicio, la queja y similares no sirven mucho. Hay que hacer lo que hace sentido. No imponer tampoco “mi sentido”; compartirlo si, con la esperanza de que en el compartir haga eco.

¿Por qué ocupo la palabra enseñar? ¿Qué pasa si yo no quiero enseñar? Lo queramos o no, todo enseña, porque todo influye en algún grado. No estoy separado ( ni menos por encima) del mundo. Por lo que el simple hecho de relacionarme con otro pone de manifiesto la responsabilidad que tengo como parte de una trama donde todo influye en todo.

Se puede llevar a un nivel consciente y tratar de hacer aportes útiles a la convivencia colectiva, pero aún cuando se viva de modo inconsciente, el ser humano esta inseparablemente unido a las consecuencias de lo por él dicho, hecho o expresado en la forma que sea.

Un ser consciente es un ser responsable, un ser humano debería darse cuenta de que es un ser responsable. Este es solo un paso más en el camino de la impecabilidad.

Por Nicolás Tamayo

Fuente: http://www.animalespiritual.com/la-utilidad-de-los-juicios/


5 de diciembre de 2014

El viaje obligado del héroe


Eso de ser buscador no es algo que te propones ser, es algo que ya traes en tu inconsciente. En un momento de tu vida esa búsqueda te alcanza, no es algo que tú estás buscando es algo que te encuentra.

Te contacta casi siempre a través de una enfermedad, un accidente, una tragedia familiar o personal y es cuando comienza el camino del buscador, que casi nunca es por voluntad propia sino por una inquietud existencial que te saca abruptamente de tu zona cómoda y de tus certezas, un llamado esencial que a pesar de todos los intentos de hacerte “el loco” no puedes dejar de responder, es como si te lanzaras de clavado al infierno, sin saber cómo y porqué.

Es el llamado del alma, pero aún no lo sabes porque inicialmente no se te presenta como un canto angelical, sino más bien como un caos nunca antes experimentado, pero tampoco extraño a tu consciencia, no exento de un inmenso dolor, de un dolor que nunca antes habías sentido, o más bien que no recuerdas, un dolor que te despierta, que te dice que la vida como la conocías ya no va más.

Sabes que no hay nada que hacer y que tienes que emprender algo: “la búsqueda”, pero búsqueda de qué. Si todo estaba tan bien, quée necesitas entonces buscar. Crees que todo eso es pasajero y que solamente te has perdido y que se trata de encontrar el camino de vuelta y nada más.

Es un camino al que entre miedo y deseo te vas abriendo, aparentemente no es un camino deseable, pero el alma lo anhela. El camino no es opcional, cuando el héroe es llamado, no puede hacer nada para evadir la acción, está obligado a actuar, no es él quien actúa, son fuerzas inconscientes, sobre todo familiares las que lo empujan a la acción. Has sido “puesto” en el camino del buscador que se abre ante tus pies y no tienes otra opción que recorrerlo o soportar ese inmenso dolor.

Ese llamado vive en ti, en tu inconsciente personal y sobre todo familiar porque el árbol sabe lo que necesita y cuando en una familia surge un buscador es porque éste encarna el deseo de todo el clan de salir de lo conocido e ir hacia adelante, que es también el deseo de toda la humanidad junta. Ese proceso no es heroico en la manera en que usualmente concebimos lo heroico, está plagado de trampas impuestas por el mismo árbol y de acciones invisibles; no se trata de ir por algo, se trata de hacer girar algo adentro para que gire el resto afuera y en otros.

La experiencia del buscador no se adquiere con los títulos, se adquiere con el camino recorrido. El buscador en algún momento de su búsqueda debe a su vez convertirse en iniciador de aquellos que intuitivamente comienzan a buscar porque carecemos de iniciaciones y rituales iniciáticos, es parte de lo que la religión católica nos ha quitado y en ese proceso no nos ha permitido trascendernos a nosotros mismos, superarnos y crecer, hacernos adultos, pasar a otros niveles de consciencia y principalmente conocer nuestro poder y fuerza espiritual que como seres humanos nos es propia.

Por Gabriel Ojeda M

Fuente: http://www.animalespiritual.com/el-viaje-obligado-del-heroe/

 

4 de diciembre de 2014

El hechizo de los discursos externos


¿La medicina alopática es la mejor para curar enfermedades? Bueno, si mamá lo dice. ¿Todos los niños tienen que ir a la escuela? Sarmiento lo dice ¿La leche es saludable? La industria láctea lo dice ¿Las vacunas terminaron con las epidemias? Los laboratorios lo dicen. ¿Los niños tienen complejo de Edipo? Sí, los psicoanalistas lo dicen. ¿Los bebes tienen angustia al octavo mes? Los pediatras lo dicen. ¿El cáncer no se cura? Los oncólogos lo dicen ¿El llanto de los niños fortalece los pulmones? Las abuelas lo dicen ¿Los niños necesitan más limites? Los educadores lo dicen. ¿Mejor una mamadera con amor que la lactancia sin ganas? Las puericultoras lo dicen. ¿Dormir con los niños? Las madres, las suegras y las cajeras del supermercado lo dicen ¿Y la relación de pareja? Los matrimonios en guerra lo dicen ¿Y el calcio? La propaganda en la tele lo dice ¿Y si se malacostumbra? Las amigas lo dicen ¿No le doy antibióticos? La vecina lo dice ¿Cómo voy a abandonar a mi madre? La fuerza de la costumbre lo dice ¿Cómo puede ser que alguien quiera enfermarse? La incredulidad lo dice.

Si durante nuestras infancias tuvimos que escuchar, callar y obedecer y si -por sobre todas las cosas- a ningún adulto se le ocurrió formularnos preguntas abiertas para entrenarnos en el pensamiento libre, autónomo o creativo; en la actualidad nos conformaremos con las verdades externas establecidas.

Que haya una voz externa que estipule algo, nos trae alivio porque alguien toma una decisión, por lo tanto también asume la responsabilidad respecto a eso que decidió. Luego quien asume la responsabilidad, tendrá en el futuro libertad de movimientos, es decir, poder suficiente para seguir resolviendo las cosas a su antojo. Al mismo tiempo, eso nos libera a nosotros de cargar con tal compromiso.

Al fin y al cabo ¿qué es el poder de algunos pocos sobre muchos otros? Es resultado de la imperiosa necesidad de que nadie más nos haga daño. Si hubiéramos crecido dentro de un sistema amoroso, el poder personal lo usaríamos en beneficio del prójimo y no lo precisaríamos para aliviar nuestros miedos en la medida en que los demás nos nutran o nos teman. Son dos caras de la misma moneda. Sometedores y sometidos provenimos de los mismos circuitos de desamor y desamparo. Pero sólo podremos desarticular estas dinámicas tóxicas si reconocemos el miedo infantil que nos devora.

Ahora bien, una vez que emprendamos una investigación valiente sobre nuestro territorio sombrío y abordemos la dolorosa realidad respecto a nuestras experiencias infantiles, no tendremos más opción que revisar la dimensión del desamparo y la desesperación por ser amados que aún vibra en nuestro ser interior. Luego habrá tiempo para recomponernos y organizar nuestras propias creencias.

Por Laura Gutman

Fuente: http://www.animalespiritual.com/el-hechizo-de-los-discursos-externos/

2 de diciembre de 2014

Axis mundo o egocentrismo


Esta expresión me la aprendí en el bachillerato cuando estudiábamos las frases célebres en otros idiomas. Significaba el centro del mundo. Jamás creí que la iba a ver tanto en la actualidad. 

En efecto, muchas personas adultas se comportan como si fueran el centro del mundo y poco a poco se está poniendo de moda esta frase en lengua muerta. La lengua está muerta pero el concepto se ve palpable en nuestras acciones en la sociedad.

Atrás quedó eso de ver a los personajes de las películas infantiles sumidos en sus propias opiniones y velando por sí mismos, esto es, tristemente una realidad hoy en día. Desde la persona que no te da permiso para bajarte del bus (esa que se queda cerca de la puerta pero que no baja y tampoco deja pasar) hasta el que detiene su auto a media calle para contestar su teléfono y tiene una cola de autos detrás. Asusta ver la manera en que se ha perdido la empatía hoy en día.

¿A qué se debe esto? Yo tengo una hipótesis: creo que el problema es que emocionalmente no hemos dejado la adolescencia. Recordemos que, dentro de la lógica del desarrollo, el adolescente es egocéntrico, no en el sentido de que no pueda interesarse por lo demás, sino que no es capaz de ver las cosas desde otro punto de vista que no sea el suyo. Este egocentrismo tiene lógica, porque el adolescente necesita definirse a sí mismo en sus convicciones, valores, personalidad entre otras cosas.

Para poder definirse con cierta autonomía, debe valorar lo que ve a su alrededor pero pasarlo por el filtro de sí mismo, ya que la máxima tarea del adolescente es saber quién es y lo que quiere, al menos en grandes rasgos. Si un adolescente se dedica a pensar en todos los puntos de vista existentes, perderá su tiempo en esta etapa de la vida y no llegará a gusto a la vida adulta. Se supone que a los veintiún años físicos y emocionales, el adolescente deja se serlo y, una vez bien definido, puede pasar a otro objetivo en su desarrollo y, por consiguiente a otra estrategia.

No obstante, las personas llegan a los veintiún años físicos pero no emocionales. A pesar de funcionar como adultos, existen ciertos individuos que aún se rigen por el mecanismo adolescente de no poder poner los puntos de vista de los otros frente al suyo para evaluar si sus acciones son las más justas.

No niego que el egoísmo existe, pero también debe de considerarse que hay personas que no son capaces de considerar como sus acciones afectan a otros, luego los reclamos les parecen completamente fuera de lugar. Esta es la diferencia entre los egoístas y ellos, puesto que un egoísta sabe que está afectando a los demás pero no le presta demasiada atención.

Ante las quejas de los demás, porque les parecen incongruentes, no muestran ningún tipo de arrepentimiento por lo que han hecho, incluso pueden molestarse por haber sido incomodados. Así parecen cínicos ante los demás cuando en realidad, ni siquiera se les ha pasado por la mente que podían actuar en contra de ellos.

Ante tal hecho, creo que lo que podemos hacer es tratar de llevar a la consciencia el mecanismo social en el que se evalúan las repercusiones de nuestros actos hacia los demás, para llegar a la metacognición de que se está haciendo o para empezar si descubrimos que no. De este modo, muchas de las molestias sociales pueden ser obviadas, gracias a un simple mecanismo de pensamiento.

Por Susana Pérez

Fuente: http://psicopedia.org/3956/axis-mundi-o-el-egocentrismo/