Para pensar sin pensar





“En la serenidad emerge lo maravilloso,

en la luz se olvida todo afán.”

Mò zhào míng

Canto a la Luz Serena




16 de septiembre de 2014

Sin temor a equivocarte

 
Algunos se equivocan por temor a equivocarse.
Gotthold Ephraim Lessing

Quizás seas una de las Personas que prefiere conservar lo que tiene a arriesgar y equivocarse.
Ello te lleva al inmovilismo y la inacción haciendo que tus Miedos gobiernen tus días obviando que  la mayor equivocación es ni siquiera haberlo intentado.
 
¿Sabes de verdad cuál es tu juego? Quizás pienses que es no perder pero ello también lleva implícito el no ganar o que tus ganancias sean mínimas. Decide y no te lamentes al ver como las oportunidades pasan de forma fugaz ante tus ojos, mientras tu  continuas atenazado  por tu miedo a perder.
 
No conviertas tu Vida en una continua renuncia que te empequeñece y alimenta tu frustración. No hagas que tu única certeza sea el No y ¡Atrévete¡. Piensa que no hay acierto sin error, lo demás es puro azar o casualidad. Detrás del Error no se esconde el Castigo y Fracaso, el Error forma parte natural de nuestro proceso de aprendizaje y evolución como Personas.

Suelta el freno de mano, fluye, se sincero y déjate llevar por tu intuición.  Toma la iniciativa, disfruta de la Experiencia y la Libertad de equivocarte y no actúes  arrastrado por el dictado de los demás, el que dirán o  lo provocadamente inevitable.
 
Deja a un lado tus temores irracionales e inseguridades, evalúa tus fuerzas, gana en confianza, se positivo y repítete a ti mismo ¡Yo puedo¡. 
 
Si te equivocas no te preocupes por ello, no es inevitable ni irremediableaprende de tu Error, ya conoces lo que no debes hacer, y no renuncies, vuelve a intentarlo.
 
Si dudas y te asalta el Miedo, recuerda: ¿Cuántas cosas nos perdemos por el Miedo a perder?
 
 
 

14 de septiembre de 2014

Los efectos de la reacción


No somos lo que nos pasa, somos la manera en la que reaccionamos ante los acontecimientos de la vida.

¿Por qué hay personas que sufren diversas catástrofes y sobreviven a ellas? ¿Por qué están los otros que, sumergidos en una nube negra, no salen de los sucesos negativos del día a día?

Si medimos nuestras etapas de oscuridad y de episodios adversos con las de otros que han caído en situaciones peores vemos que hay miles de personas que han salido más rápido y de mejor manera.

Incluso, están esos que toman esos “accidentes” como un trampolín para subir de nivel y como un buen incentivo para hacer cosas grandes, luminosas y bellas.

¿Nos quedamos, acaso, estancados en el agujero sin ver la solución? ¿No sería mejor girar el engranaje, la tuerca, y reaccionar de diferente manera ante todo ello?

La vida siempre está llena de pruebas, la situación cambiará al momento de quebrar nuestra manera negativa de reaccionar, ya que la reacción marca la pauta de cómo afectará un suceso determinado toda nuestra cosmogonía interna y externa.

Decidamos pues, a partir de hoy, reaccionar de manera positiva ante los cambios, las desgracias y demás. Cambiemos la lente, simplemente,  por el hecho de darnos una oportunidad para observar si con esa nueva fórmula nuestra vida mejora y todo se acomoda desde otra plataforma.

Dejemos de reaccionar para accionar y la luz se concentrará en mayor cantidad dentro de nuestras vidas.

Por Xandra Orive

 

12 de septiembre de 2014

Relaciones



Seguimos creyendo que hay alguien externo a nosotros con quien nos estamos relacionando, pero no es así. Es posible que aún no hayas tenido esa evidencia. No obstante, podrás reconocer que cuando te encuentras con alguien, de lo único que eres consciente es de tus propios pensamientos acerca de él.

Lo único que experimentas son los sentimientos que sientes por esa persona, producidos por los pensamientos que tú tienes de ella. Todo eso ocurre en tu mente. Estás tomando todas esas decisiones en función de la calidad de los pensamientos y emociones que experimentes con quien te relacionas; entonces decidirás acercarte o distanciarte. Pero en realidad, esa decisión que tomaste no tiene nada que ver con la persona que ves, sino con lo que tú has decidido previamente que esa persona significa para ti.

Eso muestra que no eres libre ante ese encuentro o relación. Tus pensamientos ya han establecido el escenario que te va a llevar a tomar la decisión de cómo comportarte o qué sentir respecto a esa persona. No eres libre en ningún momento porque estás sometido a tu forma de pensar y de ver el mundo. Creemos que ser libres es usar libremente nuestras ideas y defenderlas y no nos damos cuenta de que somos esclavos de ellas. No vemos que ser libres es cruzar o pasar por alto esos pensamientos que están fundamentados en experiencias pasadas y que no tienen nada que ver con el presente. Al hacer esto nos sometemos a vivir el presente como todo lo vivido en el pasado, en lugar de ser libres de vivirlo como es en realidad.

En este mundo tratamos de relacionarnos con personas a las que percibimos separadas de nosotros. Este intento establece una relación basada en la separación, y desde este marco de referencia jamás tendremos un encuentro Total con la persona con la que nos relacionamos. Es como tratar de pegar dos piezas separadas. Por muy juntas y perfectas que se unan, siempre estarán separadas. Siempre van a necesitar unirse, porque nunca lo estarán del todo debido a su naturaleza dividida. Nunca se convertirán en una pieza. Siempre serán dos piezas unidas. Si dos partes unidas no se convierten en una, entonces la unión no es real, sino algo ilusorio e inestable. Siempre existirá una brecha por donde la división puede aparecer de nuevo. Por esta razón en relaciones basadas en la separación no existe la confianza absoluta, ni la estabilidad constante, ni la paz. Todo lo que ocurre en ellas es un intento de encajar dos piezas y, una vez que parece ocurrir y nos hace felices, tratar de mantener esa unión a toda costa. Y es ahí donde el miedo a perder esa unión aparece; y miedo y felicidad no pueden coexistir. Esto ocurre en todo tipo de relaciones, pero es muy evidente en aquellas en las que hemos decidido sentirnos unidos a alguien en concreto.

Por Sergi Torres
 
 

10 de septiembre de 2014

Salir de la comodidad


Hay cosas que nos indignan: la contaminación, la violencia, el poder del dinero, la manipulación de la información, la pobreza, el sufrimiento y la mala distribución de la riqueza, entre otras cosas con las que, lamentablemente, se podría hacer una muy larga lista.

Es bueno indignarse, alzar la voz, decir algo y mejor aún: hacer algo. Indignarse frente a estas situaciones es la forma en que nos damos cuenta de que algo va mal, es una alarma que nos advierte que algo estamos haciendo mal. Sin embargo muchas veces sólo nos quedamos ahí. Nos sentamos frente a nuestras pantallas a observar indignados como otros sufren y como otros provocan sufrimiento. Pero nos quedamos ahí. Es más fácil indignarse y vociferar que hacer cambios reales, porque esos cambios nos sacan de nuestra comodidad.

Critico al “sistema”, pero en mi cotidianeidad (único espacio sobre el que tengo un cierto control) mis acciones están totalmente alineadas con la forma de funcionamiento de aquello que critico. Si me indignan las abusivas prácticas empresariales, por ejemplo, lo coherente sería dejar de adquirir los productos de esas empresas; si estoy consciente de que la forma en cómo me alimento me está matando,  dejo de consumir los alimentos que sé que me mantienen enfermo; si sé que me están entreteniendo para que no me ocupe de lo medular, dejo de consumir programas de televisión que me mantienen distraído y que siempre tratan de venderme algo. Pero no lo hago, me resisto, porque empezar a hacer eso es movilizarme hacia una forma de vida que me aleja de lo cómodo que estoy.

También puedo argumentar que mi acción individual es irrelevante dado el contexto global en el cual estamos inmersos, pero una pequeña acción individual siempre tiene repercusiones, porque estoy asumiendo el control sobre aquella pequeña parte del mundo sobre la que sí puedo hacer algo: mi propia vida.

Es fácil alegar, pero cuando la acción a realizar atenta contra nuestra comodidad, ahí nos engañamos diciéndonos que está todo muy bien, seguimos enganchados a nuestras pantallas comprando, día tras día, la imagen de la sociedad que tratan de vendernos, esa de la cual dicen que es un milagro del desarrollo económico, pero que es la tumba para el desarrollo del espíritu humano.

Por Nicolás Tamayo

Fuente: http://www.animalespiritual.com/salir-de-la-comodidad/


9 de septiembre de 2014

Autocensura emocional


Resulta curioso ver que, a pesar de que vociferamos las bondades de la libertad, tenemos la costumbre de censurarnos unos a otros y también a nosotros mismos.

Por ejemplo, hemos convertido en un tabú la expresión de las emociones “negativas”, lo primero que le decimos a alguien que está triste es: no estés triste. Lo matamos. Le negamos de base la salida, le negamos la expresión de lo que sea que esa persona esté sintiendo (y que claramente necesita dejar salir).

Le pusimos un velo de negatividad a emociones como el odio, el rencor, la tristeza, el miedo, cuando en el fondo son expresiones del espíritu humano, emociones tan válidas y libres de ser expresadas como sus “contrapartes”.

¿Por qué te vas a negar la expresión de lo que sea que quieres expresar?

Básicamente nos autocensuramos porque nunca nadie nos enseñó que expresar ciertos estados es saludable. Tenemos una reacción violenta y lo primero que recibimos es el juicio. Estamos tristes y todo el mundo nos aconseja dejar de estarlo. La emoción negativa debe ser transitada, de lo contrario nunca podrá ser trascendida.

Por otra parte tenemos el otro extremo, cuando nos quedamos masticando esas emociones (convirtiéndolo quizás en una sobreexpresión que más que buscar transcender el dolor, se regocija en él) porque, volvemos a lo mismo, nunca nadie nos enseño como “gestionar” esa expresión emocional. Carecemos de la educación emocional para hacerlo (pero este es otro tema).

Volviendo al primer punto, repito la pregunta ¿Por qué me voy a negar la expresión de un estado que sé que estoy transitando? ¿Por qué voy a criticar o negarle al otro que exprese sus emociones “negativas”? El tema es complejo y tiene muchas aristas, pero lo que quiero expresar es que la autocensura emocional es antinatural. Somos seres amorosos y emocionales (antes incluso que racionales), y es natural que todo aquello que debe ser dicho, sea dicho.

Por Nicolás Tamayo