Para pensar sin pensar



"Aquellos que atraviesan el umbral del cielo,

no son seres carentes de pasiones

o que se han sometido a las pasiones,

sino quienes las han cultivado

y las han comprendido."


William Blake



23 de abril de 2015

Neuroeducación en las aulas


La neuroeducación basa sus principios en dos grandes áreas: la neurociencia y las ciencias de la educación, analizando y estudiando los fenómenos educativos desde varios puntos de vista.

La ciencia ha demostrado y muchos profesores y educadores ya comenzaron a intuir hace tiempo que no aprendemos a base de memorizar conceptos, repitiendo y repitiendo, sino de hacer, de experimentar y, sobre todo, de emocionarnos. Y que si aprendemos en grupo, esos conocimientos perduran con mayor intensidad en la memoria.

Hasta hace apenas 30 años, se desconocía en gran medida cómo funcionaba el cerebro. No obstante, los desarrollos y avances tecnológicos en áreas como la medicina y, sobre todo, las neurociencias nos han permitido escudriñar las neuronas, sus relaciones, y entender un poco más la actividad cerebral.

En los últimos años hemos comenzado a escuchar nuevos términos, como neuromarketing, neuroeconomía, neuroarquitectura y también, neuroeducación, un movimiento internacional, aún incipiente, de científicos y educadores que pretenden aplicar los descubrimientos sobre el cerebro en la escuela y la universidad para ayudar a aprender y a enseñar mejor.

Conocer los códigos de funcionamiento del cerebro ha permitido demostrar, por ejemplo, la importancia de la curiosidad y la emoción para poder adquirir nuevos conocimientos; que el deporte es esencial para fijar el aprendizaje y también que el cerebro no es un continuum, sino que hay ventanas de conocimiento que se abren y se cierran en función de las etapas de la vida.

Y si hasta ahora educadores y científicos habían estado aislados, unos en las aulas y los otros en sus laboratorios, ahora comienzan a ir de la mano. Universidades como la John Hopkins, en Estados Unidos, ya han puesto en marcha proyectos de investigación en neuroeducación, como también Harvard, que dispone de un programa llamado Mente, Cerebro y Educación que pretende explorar la intersección de la neurociencia biológica y la enseñanza.

Los docentes que quieran aproximarse a esta disciplina tienen a su disposición lecturas de interés como la obra "Neuroeducación. Solo se puede aprender aquello que se ama", de Francisco Mora. Para mejorar los procesos de enseñanza y de aprendizaje, la curiosidad, la emoción, la empatía o los mecanismos de atención son elementos claves y este libro profundiza en la neuroeducación y si ha surgido una nueva profesión, la de los neuroeducadores.

“Necesitamos maestros que preparen a los niños para afrontar esos nuevos retos. Ellos son capaces de transformar el cerebro, tanto física como químicamente, de los alumnos, de la misma manera que un escultor con su cincel es capaz a partir de un mármol amorfo crear una figura tan bella como el David”, afirma el neurocientífico Francisco Mora.

Fuente: cristinasaez.wordpress.com

21 de abril de 2015

Tú eres el mundo que hay que cambiar


Si cada uno de nosotros se hiciera cargo de sí mismo, creando una vida con sentido, una vida con la cual sentirse en paz, sería inevitable que colectivamente “el mundo” empezara a cambiar.

Hay personas que lo han logrado, algunas de ellas se convirtieron (o los convirtieron) en grandes maestros, otros viven en el anonimato y nos topamos con ellos todos los días, pero lo que todos tienen en común, es que son referentes.

Podemos lograr cierto estado de paz, cierta libertad dentro de un sistema que nos coarta y comprime cada día más.

Sería fácil llegar hasta ahí, quedarme tranquilo porque hice mi parte, me ocupé de mi mismo, y así, desentenderme del mundo. Sin embargo, con esa libertad y esa paz personales, llega algo que muchas veces no sabríamos que llegaría, y eso es un sentimiento de responsabilidad por el estado de los demás, y del mundo a fin de cuentas. Es la letra chica del contrato del camino a la felicidad: la felicidad es colectiva, no individual, transciende mi pequeña personalidad.

Ese aparente estado de equilibrio que uno puede disfrutar después de haber realizado cierto “trabajo personal” es muy breve, si se lo intenta mantener se cae incluso en el egoísmo. Es inevitable la aparición de “el otro”.

Esto ciertamente encarna un “problema”: ¿Cómo abordo al otro? No puedo ir y empezar a desarmar la construcción de la realidad que los demás se han armado, porque les está sirviendo para vivir. A ninguno de nosotros nos gustaría que viniera alguien y empezara a criticar cada una de las cosas que hacemos porque supuestamente no nos llevan a un estado de equilibrio, salud o paz. Sin embargo este mismo punto encarna una gran contradicción, ya que quizás un fuerte remezón sea justamente lo que necesitamos.

Las construcciones de la realidad que hemos creado (por lo menos las observadas en el mundo occidental industrializado) necesitan una revisión y una reedición, básicamente porque nos están arrastrando a un estado enfermizo, donde la publicidad nos hace creer que tenemos necesidades que en realidad no tenemos, donde lo que comemos nos está enfermando, donde nuestra concepción de éxito nos hace dedicar nuestra vida a una rutina esclavizante para alcanzar y sostener un nivel de vida que me dijeron era “deseable”.

La transgresión, que rompa con esa concepción del mundo, debe ser inteligente, silenciosa, profunda y personal. Empieza contigo, conmigo, en lo cotidiano, observando que en realidad no necesito tantas cosas, que no tengo tantas necesidades como me hace creer la industria publicitaria, que merezco comer mejor, que tengo que ampliar mi batería de creencias, que me haría bien cuestionar lo que creo que sé, lo que me han dicho.

Se puede vivir libre, gastando poco y siendo útil para los demás. El punto es que ese nivel de vida echa abajo muchos negocios. Se puede vivir en paz, se pueden compartir las comprensiones que voy teniendo y que me van acercando a esa forma de vivir.

La transgresión es una autotransgresión, es violenta, porque desarma mi mundo y me obliga a reconstruirlo, pero no es bulliciosa, no es escandalosa. Es profunda porque me aporta una nueva mirada, pero no pierde tiempo mostrándose. Tiene que haber una re.educación que también es una autoeducación. Nos hace bien conservar la “mirada del principiante”, que se sorprende porque amanece y eso le basta para sentirse agradecido. Una mente principiante es una mente fresca, por ende dispuesta a aprender y libre para observar.

Esa es la transgresión subterránea, uno a uno, donde nos co.inspiramos entre todos para seguir desaprendiendo y avanzando. Es más un proceso de aprendizaje que una pelea contra el mundo. Es un proceso de “darse cuenta” de que somos más amplios de lo que nos dijeron que éramos, que nos toca a nosotros inspirarnos mutuamente, no erigiéndonos a nosotros mismos como portadores de la nueva verdad y el camino hacia la salud y la paz, sino simplemente compartiendo lo que nos ha ido dando resultados, para que le sirva también al otro. Es mostrar que la opción existe, los demás decidirán por cuenta propia que hacer, igual que nosotros.

Uno a uno. Tú Eres el mundo que hay que cambiar.

Fuente:  http://www.animalespiritual.com/la-transgresion-silenciosa/

20 de abril de 2015

El poder de las palabras


Nunca subestimes el poder de las palabras. Ellas son mucho más que sonidos. Las palabras que usamos y escuchamos moldean la mente para convertirse luego en pensamientos y acciones. Préstales atención, porque el significado y la intención que exista detrás de ellas marcarán tu experiencia de vida. Sumérgete en palabras cargadas de rencor y en poco tiempo estarás con el resentimiento hasta el cuello. Elige palabras amorosas y verás que todo fluye de manera más armónica.

¿Exagerado? Un reciente estudio en la Universidad de Stanford encontró que las personas expuestas a palabras usadas con frecuencia en el budismo como “despertar”, “compasión” y “dharma” se mostraban más empáticas y conectadas con la gente. La razón tiene que ver con la forma como nuestra mente se deja influenciar a nivel subconsciente por las imágenes, palabras o ideas que percibe. Esto es lo que en psicología se llama priming, o preparación, un proceso mental que aprovechan entre otros los publicistas, predicadores y políticos. El priming sería algo parecido a inducir o sugestionar un comportamiento, ya que la mente al ser expuesta a símbolos y estímulos específicos reacciona de manera predecible. Sólo piensa en todo lo que se dice en una campaña publicitaria, un templo religioso o un acto político. Allí realmente cada palabra cuenta.

El estudio de Stanford también encontró que las personas expuestas a ideas budistas solían ser más prosociales, esto quiere decir, mostraban pensamientos y sentimientos de responsabilidad por otros y se sentían más conectados con los demás, eran más tolerantes, empáticos y reconocían su interdependecia con el resto de la gente. Lo interesante es que esta actitud prosocial es más evidente en personas que habían obtenido altas calificaciones en pruebas de amplitud mental. Sin duda, la mente es como un paracaídas: funciona mejor cuando está abierta.

El budismo es una práctica que investiga el funcionamiento de la mente para crear una vida de paz y felicidad. Para ello otorga gran importancia a los pensamientos, las acciones y las palabras que utilizamos porque con ellos creamos nuestro mundo. También incluye la influencia de las palabras que nos rodean, a fin de cuentas, son parte del ecosistema en el que vivimos.

La esencia del budismo se encuentra en el Noble Camino, compuesto de ocho elementos. Uno de ellos es hablar correctamente, esto significa, abstenerse de mentir, de usar palabras abusivas, de crear divisiones con nuestras frases y de hablar sin un sentido claro. Conociendo el poder de las palabras, la enseñanza budista invita a prestarles atención a las palabras que usamos y el efecto que causan en nosotros y los demás. Todo comienza por escucharnos con atención. Es un ejercicio interesante, porque si lo hacemos con honestidad podemos descubrir que nuestras frases encierran ideas y creencias que posiblemente no sean las que decimos tener.

De igual modo, prestarles atención a las palabras y las ideas que nos rodean abre las puertas a una conciencia más clara. ¿Qué dicen, qué encierran, qué efecto causan en nosotros y en nuestro entorno ? No son lo mismo palabras como batalla, encuentro, guerra y compasión. Cada una tiene su impacto en la mente y mientras más nos dejemos envolver por ellas mayor será su efecto.

Préstales atención a las palabras que entran y salen. Pueden ser un veneno o una dosis de luz. Pueden ser verdad o mentira. Y el trabajo de cada quien es reconocerlas tal y como son para luego elegir, a cada momento, con cuales queremos crear nuestra experiencia de vida.

Por Eli Bravo

16 de abril de 2015

Otros tiempos para aprender


Suena el timbre, una clase termina, todas las puertas se abren. Algunos minutos más tarde, el timbre vuelve a sonar, comienza otra clase y todas las puertas se cierran. Esta es la imagen estereotipada del funcionamiento escolar, tan mecánica como la del reloj: los alumnos cambian de asignatura y los profesores cambian de aula; todas las horas, de idéntica manera, a lo largo de todo el curso. El sentido que la escuela da al tiempo es el newtoniano: un ente «absoluto, verdadero y matemático»

De los tiempos escolares a los tiempos de aprendizaje.

No me cabe duda que el tiempo escolar es otro de los elementos estructurales de la enseñanza clave para el cambio educativo, pues constituye una variable intrínseca de la enseñanza y del aprendizaje. Otras formas de organización y gestión del tiempo se harán imprescindibles para conseguir dos valores  esenciales para la educación actual: la democratización y la personalización.

La temporalización, en apariencia inocente elemento  curricular, expresa a través de su organización y gestión algunas de las características más relevantes de la educación tradicional en su dimensión práctica. La reflexión sobre los tiempos escolares (incluyendo en este término otros como: tiempo de enseñanza, tiempo de escuela, tiempo relativo a la escuela)  y su gestión, supone uno de  los cambios ineludibles en la educación actual y futura.

La transformación educativa llegará también si comenzamos a innovar la administración y gestión de los tempos escolares. 

¿Es posible que sea necesario transformar también  la estructura temporal de la escuela para aprender?

El tiempo tecnocrático e industrial de horarios medidos, minutados de acuerdo a las necesidades de un currículo estentóreo y abultado debe pasar a mejor vida. ¿Por qué? Todavía persiste la idea cultural propia de la sociedad industrial que vaticina que horarios relajados y poco controlados van en detrimento de la productividad y que las relaciones sociales impiden la mejora de la producción. Por ello  los humanos necesitamos imprescindiblemente el control del tiempo tanto individual como colectivo.

Es evidente que no hay razón alguna, más allá del control administrativo, para obligarnos a que todos aprendamos en masa, al mismo tiempo, en tiempos decididos y acotados  por otros. Es más, no hay razón para obligar a que aprendamos en el menor tiempo posible como si el conocimiento y la sabiduría se escaparan hacia un viaje inalcanzable o  llevaran marcada una fecha de caducidad o autodestrucción.

Hay un componente de duda, de miedo a arriesgar. Seguramente esta clásica fórmula, tantos años establecida, es la única que sabemos hacer, la única que produce certeza para  mantener una escuela dentro de  los distintivos actuales: estandarizada, homogeneizante, competitiva, repetitiva y sancionadora de la capacidad de cada uno. Es el momento de transformar.


13 de abril de 2015

Meditación en la acción


Equivocadamente se piensa que meditación es a la vez sinónimo de espiritualidad y de inacción social. Craso error.

Luis Razeto, autor de Espiritualidad y acción social: entre el verticalismo y el horizontalismo, lo clarifica muy bien: "No hay acción social auténtica sin espiritualidad; no hay verdadera espiritualidad sin acción social consecuente".

Por supuesto que la meditación tiene una intención original de propiciar las condiciones para que el individuo vaya a su interior, y en las profundidades de su ser ponga orden en sus pensamientos y pueda esclarecer su verdadero yo. Esto es aislamiento e introspección, pero sólo se convierte en virtud si contribuye a la vida de los demás y en la evolución planetaria.

La semana pasada entrevisté a Dada Anuvratananda, monje de la tradición Ananda Marga, quien en un breve pasaje retomó este vínculo entre meditación y acción social. Éste enfatiza que quienes meditan caen en cuenta de la necesidad de que las barreras de cualquier índole deben desaparecer, pues es evidente que en el fondo todos los seres humanos estamos unidos entre sí y con el Universo.

Lamentablemente, entre más sembramos diferencias y divisiones entre los seres humanos más nos alejamos de nuestro origen y de la posibilidad de evolucionar, individual y colectivamente.

Convivir con el medio ambiente y asumir que cualquier daño que le causemos se nos revertirá, servirá como directriz para orientar y promover: la educación incluyente, la diversidad en el arte, la producción cooperativa centrada en la planeación de las personas de la localidad, así como la ciencia y la tecnología al servicio de la humanidad consciente.

Sólo controlando nuestros impulsos y ansiedades podremos dialogar y conciliar para conseguir la acción social, eso lo obtenemos a través meditar.

Por otra parte, el ahorro e inversión inteligente provienen del restablecimiento de la paz interna, porque ¿a poco no gran parte de nuestras compras son absurdas y provienen de un bombardeo mediático que nos siembra fatuas y ficticias necesidades? 

Empezar a meditar, como algo a nuestro alcance, nos puede acercar a escenarios ciertamente utópicos, pero vitales, como lo describe magníficamente Razeto: "La plena realización de la sociedad humana la habremos alcanzado cuando hayamos construido una sociedad solidaria, una Civilización del Amor. En ella, la economía, la política, la cultura, las ciencias y todas las dimensiones de la vida, estarán unidas y serán de todos".

Por Abel Pérez Rojas