Para pensar sin pensar





“En la serenidad emerge lo maravilloso,

en la luz se olvida todo afán.”

Mò zhào míng

Canto a la Luz Serena




24 de octubre de 2014

¿Religión o espiritualidad?


Quienquiera que intenta continuamente conseguir una visión cada vez más clara de la realidad y de nuestro lugar en ella – cualquiera que sienta esta atracción por la claridad como una pasión – está, en ese sentido, llevando una vida espiritual.” – Nathaniel Branden

Religión y espiritualidad son dos cosas diferentes. La religión se define como la creencia en Dios (o varios dioses) y pertenece, ante todo, al dominio de rituales y prácticas asociados a la adoración a ese Dios o dioses. Por su parte, la espiritualidad se vincula con la evolución de la consciencia, por tanto, nace de la persona y se desarrolla en ella.Sin duda, la religión puede inspirar la espiritualidad o puede conducir a la conquista de un mayor grado de concienciación, pero considero que debemos dejar de confundir religión con espiritualidad y comprender la diferencia.

Al parecer, no existe una definición precisa de la palabra “espiritual” y como yo lo veo, esa es una de las muchas dificultades que se presentan cuando queremos examinar el tema. Parece que no existe lanecesidad de aportar definiciones transparentes que nos ayuden a comprender su importancia. Con frecuencia, la actitud de la gente al respecto es: “Ah, tu sabes a lo que me refiero con el término “espiritual” o bien, “Usted sabe lo que quiero decir con la palabra Dios”. Así, las personas podemos hablar extendidamente sobre estos grandes temas sin proveer ninguna claridad a los mismos. Pero yo pienso que la nitidez con la que comprendamos los conceptos es clave para evaluar el camino que hemos tomado. Se trate de una religión o de la espiritualidad o, si fuese el caso, de ambas.

Así que vayamos a la raíz de la palabra “espíritu” que, originalmente, significa “respirar”. Para Aristóteles, hablar de espíritu era referirse a aquello en virtud de lo cual un organismo tiene vida. El espíritu pertenecía al soplo de la vida. Hoy en día, cuando nos referimos a una persona que tiene “mucho espíritu” en realidad tratamos de decir que está lleno de vida. Por otro lado, cuando decimos que el espíritu de alguien “se ha roto”, estamos haciendo alusión al hecho de que se ha extinguido su voluntad de vivir. Estos dos ejemplos nos permiten concluir que “espiritual” es un término que está íntimamente relacionado con la fuerza vital de alguien o el principio vital de algo. Así, un componente central de la espiritualidad es el término vida, que también puede relacionarse con la consciencia. La consciencia es el atributo esencial de la espiritualidad porque estamos llenos de vida cuando tenemos discernimiento y claridad sobre lo que ocurre fuera y dentro de nosotros.

Así, queda claro que la “espiritualidad” es todo aquello perteneciente a la consciencia. Es un término que se contrapone al de “material” porque evoca todo lo impalpable. Cuando nos referimos a una persona como alguien “materialista” es evidente que queremos decir que se trata de alguien que está más preocupado de lo normal por el mundo físico, por las cosas que puede tener y por la gratificación inmediata. En contraste, vinculamos a una persona “espiritual” con alguien que se ocupa por los aspectos de la vida que trascienden y por el desarrollo y comprensión de aquello que se manifiesta más allá de lo que podemos ver y sentir. (Desde luego, las personas espirituales no tendrían por qué despreciar lo físico, lo temporal y lo mundano. )

Lo primero a saber es que la religión por sí misma no implica necesariamente la consecución de objetivos espirituales. En algunos casos apoya la ilusión de una espiritualidad pero, en otros muchos, conduce a las personas en la dirección opuesta. Asistir a la iglesia, escuchar el sermón, cantar los himnos religiosos o hablar de Dios puede hacernos creer que practicamos una vida espiritual, pero si logramos acercarnos más a estos hechos y analizamos lo que una persona predica con lo que realmente siente y piensa, nos daremos cuenta que puede haber una abismo de distancia. A veces las prácticas que hemos seguido a pie juntillas y que no hemos objetado nunca, pueden aportarnos el suficiente grado de satisfacción para hacernos sentir cómodos; pero esa comodidad no es igual a crecimiento. A veces, es  justamente lo que nos impide  cuestionarnos qué tanto sentido nos hacen nuestras creencias y qué tanto contribuyen a nuestro bienestar personal. De ahí que debemos hablar más a fondo de la espiritualidad… ¿Qué es y cómo se practica?

Ha quedado claro que cuando hablamos de espiritualidad no nos referimos a ninguna creencia religiosa en particular. La espiritualidad se refiere específicamente a la capacidad evolutiva que un individuo tiene de su consciencia. La evolución de la consciencia nos ofrece una visión de la realidad y de nuestro entorno superior a la que se percibe ordinariamente cuando se observa el mundo por medio de los paradigmas personales, los filtros de una cultura impuesta y la práctica de ciertas tradiciones que no se examinan en absoluto. La espiritualidad es un camino donde las personas tienen oportunidad de encontrar respuestas y sentido a su vida, donde gran parte del progreso descansa en el autoconocimiento, una apreciación más profunda de lo que realmente importa en la vida, una percepción más amplia de la realidad, una mayor comprensión de las dimensiones del ser humano y un grado de serenidad más elevado. Y todo ello sin tener que profesar una religión, incorporar una filosofía de vida específica o contar con una práctica meditativa.

Sin duda, son muchas las personas que al emprender un camino espiritual necesitan complementarlo con alguna disciplina de carácter religioso o místico y, por ende, del concepto personal que tengan de Dios. Sin embargo, lo que quisiera dejar en claro en los siguientes párrafos es que limitar nuestra comprensión de la espiritualidad a una inclinación por Dios, es restrictivo. Reconozco que este planteamiento es controversial para quienes tienen una fuerte creencia en Dios, pero me gustaría explicar en qué me baso para hacerlo.

Partamos del hecho de que el término Dios significa algo considerablemente diferente para cada persona y es un craso error pensar que tales diferencias carecen de importancia. Para la gran mayoría de la gente la “espiritualidad” significa única y exclusivamente una preocupación muy seria de conocer y amar a Dios. Pero la espiritualidad es mucho más que eso. No basta con creer en Dios (y de hecho, no es necesario creer en Dios). Un individuo que vincula su espiritualidad a la creencia de Dios necesita desterrar cualquier ambigüedad sobre el concepto que tiene de El. Es decir, necesita tener absolutamente claro quién es Dios en su vida y no tener duda alguna de cómo participa en ella y en la evolución de su consciencia. Si la evolución de la consciencia se da como fruto del cuestionamiento que hacemos de nuestras creencias para ir más allá de lo que vemos, aquí evidenciamos que religión y espiritualidad son dos cosas muy diferentes. Estrictamente hablado, la religión no puede ofrecer el cuestionamiento de nuestros paradigmas como lo hace la espiritualidad, porque de hecho, se basa en creencias y rituales que deben respetarse tal como son.

De tal manera que es muy importante que aceptemos que pueden haber personas religiosas que carecen de espiritualidad y personas espirituales que carecen de religión. Más importante que esto es darnos cuenta que las creencias particulares de cada individuo no necesariamente determinan su sentido de integridad personal, su grado de honestidad, su interés por la justicia, su bondad, inteligencia, ambición, productividad y recursos para luchar contra la adversidad, ni mucho menos su capacidad para disfrutar de la vida. En cambio, la espiritualidad parece ser un ingrediente de gran impacto en todos estos aspectos que se mencionan, lo que me ha llevado a concluir que, más allá de la religión que una persona pueda profesar, la vida espiritual que tenga es clave para su evolución como ser humano.

Como ustedes mismos pueden empezar a notar, el término “espiritualidad” se emplea en la generalidad de una forma muy diferente a como he venido planteándolo en estas líneas. Como hemos visto, el significado de espiritualidad atañe a la consciencia y a las necesidades y al desarrollo de la misma. En otras palabras, una persona que se compromete con el conocimiento de sí misma y con su crecimiento personal, es alguien que está recorriendo el camino de la espiritualidad. La espiritualidad es un compromiso con el autoconocimiento y el autoexamen y es una forma de vida. Tiene como finalidad la comprensión de nuestro fuero interno y de la realidad que nos rodea. Una práctica espiritual solo puede serlo en la medida en que  tiene la intención (mediante un ejercicio continuado) de alcanzar una visión cada vez más clara de la existencia humana y del lugar que ocupamos en este mundo. La espiritualidad pertenece ante todo al terreno de la experiencia, a la relación directamente personal que se tiene con uno mismo, con otros, con el universo – y con Dios, si se cree en El -. Si una persona siente pasión por comprender esa realidad y por clarificarla, esa persona está llevando una vida espiritual.

Así, una auténtica espiritualidad se refleja en el modo de vivir de una persona y es su capacidad para experimentar la vida a título personal. No se trata de una mera filosofía de la cual alguien sea partidario. La espiritualidad pura es intrínsecamente individualista, íntima y no es conformista. En un viaje espiritual nos encontramos en una constante búsqueda, nos enfrentamos a ideas y supuestos que nos llevan a confrontar lo que creemos de la vida y lo que realmente es la vida. Vivir la espiritualidad en toda la extensión de la palabra es cuestionarnos si esas premisas apoyan o restringen nuestra actividad mental, si nos ayudan a comprendernos mejor, si aportan algo al nivel de consciencia que tenemos en el momento presente y si ensanchan nuestro espíritu… o si nos hacen indiferentes, nos dejan inmóviles o nos arrastran a eludir la responsabilidad de todo lo anterior.

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Fuente: http://yucatan.com.mx/editoriales/opinion/religion-o-espiritualidad

Las emociones sublimes a la luz del budismo zen





21 de octubre de 2014

El arte de vivir simple


El reto es limpiar todo aquello que ya no sirve, desechar las programaciones obsoletas de la mente y corazón, y restaurar los sueños del alma.

Es todo un proceso aprender a “descomplicarnos”. Mientras crecemos, sin darnos cuenta adquirimos una serie de porquerías estorbosas que opacan nuestros sueños y nuestro brillo personal. En este afán de pertenecer a diversos grupos, intentamos disfrazarnos de todo, menos de nosotros mismos.

Hasta que un día comienzas a “despertar”, te das cuenta de todo el hedor que muchas de esas cosas inútiles que acumulaste y confundiste con tu esencia, comienza a ser verdaderamente molesto, aquí es cuando tu alma te empuja a poner manos a la obra.

La purificación es un proceso constante y nada sencillo. El reto  es limpiar todo aquello que ya no sirve, desechar las programaciones obsoletas de la mente y corazón y restaurar los sueños del alma, re-diseñarlos.

Es en este punto cuando te conviertes en un verdadero artista, ante ti tienes la gran roca de mármol amorfa y simplemente comienzas a quitar lo que sobra. Poco a poco y con paciencia, hasta que vas notando el resultado. La nueva forma se asoma y conforme esto te das cuenta que requieres un nuevo espacio para esta obra, así es como cambian tu escenario  y los personajes que te rodean. Así que caes en cuenta que todo se corresponde, se hace un cambio adentro y todo afuera se modifca. 

Soltar y aceptar es la clave del fluir y el saber dejar ir, la vida se aligera, se “descomplica”.

Para que llegue la paz a tu vida, primero es necesario identificar que la complica. Y ya que lo sabes, estar dispuesto a soltar puede ser lo más duro. Lo bello de esto es que dejas un espacio para algo nuevo, donde surge la pregunta ¿y ahora que SI quiero?.

Ahora que he soltado puedo reconocer mi brillo, recordar mis sueños y con nuevos bríos tomar acción para co-crear desde la consciencia y el amor.

Por Rafael Martínez

Fuente: http://www.animalespiritual.com/el-arte-de-vivir-simple/
 


20 de octubre de 2014

Regalos especiales


Todo comienza a modificarse a través de la vía de la gratitud. ¿Qué pasaría si comenzáramos a agradecer las desgracias, las personas que llegan y nos lastiman y las cosas que no obtenemos?

Bienvenidos sean los desafíos, pues de ellos saldrán las semillas de un árbol frondoso y fuerte. Si analizamos nuestras malas rachas nos daremos cuenta de la maravillosa oportunidad que tuvimos para aprender, modificar patrones, ser más fuertes y crecer. Todas esas vivencias, sin excepción alguna, han sido empujones energéticos para realizar el salto cuántico tan necesario.

Yo me pregunto ¿por qué le tenemos tanto miedo a los golpes de la vida, a los tropezones, a los baches? Creo que deberíamos de ver que son las hermosas oportunidades que dios, el Universo o el Cosmos nos dan para avanzar y para ser cada vez más puros y  honestos con nosotros mismos y por ende con los demás.

Desde pequeños nos han enseñado, en inicio, a temer, cuando en realidad el miedo es algo fabricado por el hombre para tener control y en segundo a creer que las cosas “negativas" nos harán daño.

Todo comienza a modificarse a través de la vía de la gratitud. El problema es que sólo agradecemos las cosas bellas, las llegadas luminosas, los logros, los amores hermosos, pero ¿qué pasaría si comenzáramos a agradecer las desgracias, las personas que llegan y nos lastiman y las cosas que no obtenemos?

En principio le dejaríamos bien claro al Universo que somos capaces de dejar de ser egoístas, niños caprichosos que sólo son felices cuando las cosas salen como ellos quieren. Después le quitaríamos a los sucesos el falso valor de “malo“abriendo la posibilidad de ver el aprendizaje que guardan para nosotros en lo más profundo de su ser.

¿Qué pasaría si empezamos a tomar todo esto como enormes regalos que llegan a nosotros en una fea envoltura? Si los peláramos como capas de cebolla, descubriríamos pepitas de oro.

Hagan un recuento de todos esos obsequios mal envueltos que han llegado a su vida y vean todo lo bueno que les trajeron, a final de cuentas. El verdadero obsequio está en la esencia y ésta a veces se disfraza de catástrofe. Transitemos en las oscuridades pues en ellas se encuentran las semillas de la luz.

Por Xandra Orive

17 de octubre de 2014

Los demás importan


"Los demás importan”.

La frase que da título a este artículo se atribuye a Chris Peterson, investigador pionero en Psicología Positiva, como respuesta al reto de definir esta nueva corriente psicológica en dos palabras. La Psicología Positiva, que surge en torno al año 1998, tiene como objetivo fundamental el estudio del funcionamiento humano óptimo, siendo uno de sus desarrollos teóricos más relevantes la localización y descripción de las fortalezas personales, que todas las personas poseemos para afrontar los retos y dificultades de la vida cotidiana, generar sensaciones de disfrute,  experimentar emociones positivas y conseguir nuestros objetivos vitales. En definitiva, para conseguir mayor nivel de bienestar; para sentirnos más felices.

Pero esta felicidad no puede ni debe ser completa si sólo se circunscribe a nuestro círculo más cercano, si en alguna forma consentimos que millones de personas sufran cada día condiciones de pobreza, miseria, exclusión social, violencia, desigualdad y un largo etcétera de situaciones y circunstancias que atentan de forma directa contra la condición humana. Y hoy, en el Día Internacional del Hambre (una efemérides que no debería de existir y cuyo mejor y único destino sólo puede ser la desaparición), debemos tener especialmente presente la realidad de 840 millones de personas que lo único que poseen es hambre, 840 millones de seres humanos cuyo único error vital ha sido nacer en la zona equivocada.
  
Consentimos que millones de personas sufran cada día condiciones de pobreza, miseria, exclusión social, violencia, desigualdad y un largo etcétera de situaciones que atentan contra la condición humana

A pesar de los esfuerzos de organismos y programas internacionales, ese drama se mantiene aún presente seguramente porque, como plantea la periodista Paloma Rosado, la humanidad tiene aún pendiente “la revolución de la fraternidad”, la construcción de una sociedad en la que todos los seres humanos nos sintamos miembros de una única comunidad y “la solidaridad, el altruismo y la generosidad sean los caminos más directos para conseguir la felicidad”.
Pero para construir esa revolución quizás no sea suficiente sólo con la empatía y el amor. Posiblemente necesitemos la ayuda de todas nuestras fortalezas personales para conseguir ese objetivo tan ambicioso.
Te invitamos a dar el primer paso en ese camino, a iniciar el conocimiento y la práctica de algunas de esas capacidades y la forma en que pueden serte útiles:

El Optimismo que nos impulsa a esperar cosas buenas y a confiar en que, con el compromiso y el esfuerzo de muchos, ese reto puede ser superado.

La Inteligencia social nos ayuda a entender las emociones de los demás y conectar con su sufrimiento cuando diariamente observamos en los medios de comunicación imágenes de personas desnutridas, aunque desde la Honestidad entendamos que puede resultar un ejercicio de empatía poco coherente cuando lo realizamos desde la comodidad y seguridad de nuestro hogar sentados ante una mesa cubierta de alimentos.

La Ciudadanía expresada a través de una conciencia clara de responsabilidad social, que no rehúya el compromiso personal ocultándose bajo el manto difuso y “anestesiante” de la colectividad, y asumiendo que cada uno de nosotros somos en alguna medida responsables de la acción de nuestros gobernantes.

La Perspectiva o Sabiduría que mostró José Mujica cuando, tan lúcidamente, expresó su convicción de que “no tenemos futuro como especie si no somos capaces de resolver el problema del hambre”.

El Liderazgo en el cambio y la evolución de los grupos sociales a los que pertenecemos (familia, comunidad, asociaciones, pueblos, regiones, países) y la Valentía para tomar decisiones que favorezcan a otros aunque a la vez puedan comprometer nuestra seguridad y tranquilidad personales.

El Autocontrol que nos permite dominar nuestros impulsos y adoptar hábitos de consumo mucho más justos y sostenibles.

La Espiritualidad, que nos abre la puerta al camino de la conexión con lo que realmente somos, y desde ahí poder proyectar nuestro Amor por cada ser humano.

Estas son sólo algunas de tus fortalezas personales; tienes muchas más  y cuentas con todas ellas para transformar en la medida de tus posibilidades la forma en la que vives y el mundo que te rodea.
Lo único que falta es tu decisión, ¿qué estás dispuesto a hacer por los demás?

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Fuente: http://www.estrelladigital.es/articulo/mundo/demas-importan/20141016172548213707.html