Para pensar sin pensar





“En la serenidad emerge lo maravilloso,

en la luz se olvida todo afán.”

Mò zhào míng

Canto a la Luz Serena




25 de noviembre de 2014

Haz lo que yo digo, es lo que yo hago


La popular frase “haz lo que yo digo pero no lo que yo hago” puede venir cargada de un intenso des-amor, olvido y/o desprecio hacia nosotros mismos. La rueda debería comenzar a girar primero propiciándonos bien-estar hacia nosotros, para luego dar el ejemplo no solo a través de la palabra sino también de las propias acciones.

¿Cuantas veces nos involucramos en la vida de “el otro” aconsejándole qué camino debería seguir o qué decisión optar en tal o cual situación? Estos consejos que podemos dar muchas veces suelen ser claros, sanos, precisos, llenos de buenas intenciones y pueden ayudar a despertar, de igual forma que la palabra de “el otro” puede ayudarnos a despertar a nosotros.

Pero, ¿cuántas veces aconsejamos sanamente y en nuestra propia vida hacemos exactamente todo lo contrario? ¿Cuánto tiempo pasamos siendo consejeros de “el otro” sin ser consejeros y reflexivos con nuestro propio ser?

Dar es muy bueno, pero darnos resulta fundamental. Escuchar al otro y no escucharnos a nosotros mismos no es la ecuación adecuada para lograr una vida sana y satisfactoria. Si el propósito del ser humano es alcanzar cierto grado de paz y bien-estar constante – ¿quién se negaría a semejante combo? – alarga su camino si anda por la vida ofreciendo palabras claras para los demás pero acciones oscuras, confusas y/o perjudiciales para con uno mismo. De allí la popular frase “haz lo que yo digo pero no lo que yo hago”, que puede venir cargada de un intenso des-amor hacia nosotros mismos.

Es importante que asumamos la inevitable responsabilidad de prestarle atención primero a nuestras propias emociones, ideas, sentimientos y pensamientos, y en base a ello nos convirtamos, antes que nada, en los inspectores y consejeros de nuestro propio ser. Luego podríamos brindarle a quien sea el ejemplo, no solo a través de la palabra sino también de las propias acciones… y la popular frase mutar felizmente a “haz lo que yo digo, es lo que yo hago”.

Por Martín Bijio
 
Fuente: http://www.animalespiritual.com/haz-lo-que-yo-digo-es-lo-que-yo-hago/
 

24 de noviembre de 2014

El experimento espiritual



Las leyes de la oferta y la demanda permean hasta el más profundo rincón místico. Casas de colores que ofrecen aromas o ropa elástica cosida a la placidez. Consumo, espiritualidad y verdad parecen las variables de la vida próspera sin que medie discernimiento sobre lo real o lo ilusorio. Receta de un mundo de liviandad y satisfacción inmediata pagada a cuotas.

Cada quien escoge su agarradero. El espíritu está contagiado de métodos de energización rápida, del abrecaminos que despeja todo mal y de las clásicas imágenes de milagrosos santos. Vertientes, ideas y cristalizaciones de un espíritu vestido con sectas y dogmas que promulgan la verdad o los productos y que con los diezmos convierten la caridad en un enriquecimiento ilícito. Estamos ávidos de técnicas, respuestas y amores sensacionales.

La espiritualidad globalizada es de fácil acceso online: libros sagrados, diosas, sonidos, posturas, cremas y purificaciones que agotan las existencias del jazmín y la canela según la época del año. Y es de este mismo popurrí de posibilidades de lo que se nutren quienes tienen un deambular sincero, sin afán y sin fe ciega. Hay quienes levantan sus plegarias más íntimas en los altares de la sencillez o hay quienes se observan para ver si se encuentran lejos de los prejuicios. Algunos escudriñan la ética, se aferran a su lógica o se entregan a la pasión teológica. Hay quienes son religiosos sin ser espirituales o viceversa. Hay quienes se mudan de gurú y comparten su pan; son pacíficos y sonríen. Hay quienes reconocen sus esclavitudes y hay quienes niegan lo que no se ve. Hay quienes hacen poesía con la estrella fugaz. Venimos siendo los mismos de hace millones de años.

La sabiduría de sí, de otros o de un todo infinito no puede ser un itinerario predeterminado. No es circular, ni tiene retorno. No es fijo. No es sólo teoría y no es práctica. No es sólo razón ni corazón. El camino espiritual, con o sin las evidencias del espíritu, es único, es el de cada cual, es de quien acepta sus cargas y de quien hace de su andar un laboratorio cotidiano y se advierte como el propio experimento. Pecado sería no indagar. Pecado es no respetar.

Por DIANA CASTRO BENETTI

Elespectador.com


23 de noviembre de 2014

El progreso y el pesimismo



En poco más de una semana empieza en Lima la gran conferencia de las Naciones Unidas sobre el cambio climático. Será un foro en que los participantes se declararán alarmados por el peligro medioambiental que vive el planeta y por la necesidad urgente de medidas oficiales por salvaguardar la humanidad. 

El mensaje será consistente con la idea, muy difundida, de que el mundo está empeorando en un sinnúmero de aspectos, y probablemente en general. Independientemente de lo que uno piense sobre el cambio climático, ese pesimismo choca con la realidad. Nunca en sus cientos de miles de años de historia ha vivido la humanidad tan bien. Y las últimas tres décadas han generado un progreso sin precedentes, especialmente para el mundo en desarrollo. 

El profesor Steven Pinker, de la Universidad de Harvard, uno de los más destacados psicólogos del mundo, documenta que a nivel global, toda forma de violencia ha caído notablemente en los últimos dos siglos, produciendo el mundo más pacífico que hasta ahora ha conocido la humanidad. Y aun así, las encuestas muestran que la gente piensa que el mundo se ha vuelto mucho más violento. 

Casi cualquier indicador –mortalidad infantil, alfabetización, pobreza, esperanza de vida, acceso a tecnología, nutrición, etc.– ha mejorado en los países pobres de manera inédita en las últimas décadas. Si todo está mejorando, ¿por qué tanto pesimismo? Según el profesor Pinker, se debe a sesgos emocionales y cognitivos que los medios acentúan.

Las personas tienden a sentir las malas noticias y las pérdidas de manera más aguda y por un período más extendido, por ejemplo, que las buenas noticias. Durante casi toda la historia evolutiva de los humanos, el costo de no reaccionar adecuadamente a una posible amenaza era muy superior al costo de sobre-reaccionar. En un mundo más seguro y próspero, esos costos han cambiado, pero nuestra manera de pensar no tanto. Pinker dice que esto implica que nuestra psicología actual es más sensible al peligro de lo que debía ser. 

Hay una percepción que comparten muchos y esa es aquella de que ya no estamos viviendo en los buenos tiempos. Es un espejismo que la gente ha manifestado durante la historia humana. Esto también implica confundir cambios en la vida de uno con lo que ocurre alrededor de uno. A la medida que envejecemos y maduramos, nos volvemos más sensibles a los defectos del mundo y a posibles amenazas a la vez que asumimos más responsabilidades. La vida se nos dificulta en el plano individual, pero eso no quiere decir que empeora el mundo.

Pinker dice que, además, la psicología de la gente hace que compita por la autoridad moral. Los que critican son considerados más moralmente comprometidos que los que justifican. La gente también se identifica con “tribus morales”, de manera que hay razones poderosas por las cuales la gente piensa que el mundo está empeorando.

La brecha entre la percepción y la realidad del estado de la humanidad tiene explicaciones cognitivas. Una es que las cosas más memorables aparentan ser más probables. Y lo negativo y catastrófico es memorable. Por eso la gente se preocupa mucho más por accidentes aéreos, que son muy poco probables, que por las electrocuciones, que son mucho más comunes.

Dado que la prensa reporta las malas noticias y muy poco las buenas noticias –porque eso es lo que vende mejor– se magnifican todavía más las percepciones negativas que la gente suele tener acerca del mundo en el que viven. 

A la hora de evaluar la condición de la humanidad, sus retos, posibles amenazas y respuestas a ellas, es prudente tener muy en mente los sesgos psicológicos que según Pinker explican un exceso de pesimismo en el mundo de hoy.

Por Ian Vásquez

Fuente: http://elcomercio.pe/opinion/mirada-de-fondo/progreso-y-pesimismo-ian-vasquez-noticia-1773228?ref=portada_home

20 de noviembre de 2014

¿Problemas de concentración? Hay soluciones




No fijar bien la atención en una sola tarea, olvidar algo o perder, a veces, información valiosa es una molestia, pero en los niños esto es especialmente preocupante.

Hoy, por lo menos al 10 por ciento de los pequeños se les diagnostica déficit de atención, tengan o no hiperactividad, y el problema continúa en aumento.

Según los últimos estudios, el desarrollo de una buena atención es esencial para un aprendizaje óptimo. Si no se puso atención a lo dicho, ¿cómo recordarlo? Solo ese 10 por ciento de niños son diagnosticados, pero en el aula escolar hay muchos que son dispersos, inquietos y con niveles de atención bajos. En general, se cree que ello se debe al impacto del uso continuo de la tecnología y a malos hábitos, como comer con un audífono en una oreja y un celular en la otra mano. Por ello, sabemos que niños y adultos necesitan mejores niveles de atención. Pero, ¿cómo lograrlo?

Avances importantes

Por fortuna, ya se sabe mucho sobre el asunto y se ha visto que existen, por lo menos, dos estrategias efectivas para mejorar esta situación.

Una es el ejercicio físico y la otra, la práctica del mindfulness o la concientización del presente. A propósito de la primera, el pasado mes de septiembre se publicaron, en el Journal of abnormal Child Psychology, los datos de un estudio en el que estudiantes de kínder hasta segundo elemental hicieron ejercicios aeróbicos diarios durante 30 minutos antes de sus clases.

Otro grupo siguió su rutina, sin incluir los aeróbicos. El estudio duró 12 semanas, fue hecho en Vermont e Indiana (Estados Unidos) y en él participaron 202 estudiantes, incluidos niños con problemas de atención o sin problemas de alteración de la concentración.

Los resultados fueron contundentes. Los que fueron expuestos a los ejercicios matutinos mejoraron significativamente sus niveles de atención. El doctor John Ratey, de la Universidad de Harvard, dice que siempre formula un programa de ejercicios diarios para sus pacientes con déficit de atención. También es él quien está detrás de un programa de ejercicios vigorosos de 45 minutos diarios para mil escuelas de primaria de Estados Unidos. Los reportes indican que este programa ha sido muy provechoso para mejorar la concentración de los alumnos. Por ello, es definitivo y bueno moverse para activar el cerebro y enfocarlo debidamente.

El otro método que está dando resultados sorprendentes en el aumento de la atención es el del uso del mindfulness, la concientización del momento presente. En esta estrategia (llamada meditación occidental), el niño o el adulto cierra o baja los ojos y, en una posición cómoda, toma conciencia total de su respiración, de su ropa, de cómo se siente con su cuerpo y de los sonidos a su alrededor.

En este punto, lo importante es aprender a focalizarse por 5 ó 10 minutos con un estímulo dado en el mismo momento. Por ejemplo, se le puede dar a un niño una uva u otra fruta pequeña para que la sienta en sus dedos, la aplaste, la mueva, la toque, la mire y cuente qué pensamientos llegan a su cabeza; el niño puede olerla y sentir que sus dedos la sostienen. Este es un claro ejemplo de estar consciente del aquí y del ahora.

Estas pautas no sólo han demostrado que benefician la concentración, sino el estado anímico. En la actualidad, la técnica se practica con regularidad en los colegios de muchas partes del mundo para lograr optimizar el desempeño de los estudiantes.

Así, hay dos métodos muy diferentes, pero con resultados impactantes en los periodos de atención. Esto pasa porque el cerebro con déficit de atención está medio dormido y necesita ser alertado. Muchos maestros también hacen pausa para bailar o estirarse.

El mindfulness ha sido ampliamente investigado y se ha visto que sirve para mejorar la concentración y calmar las emociones.

Un ejemplo interesante es el de Michael Phelps. El campeón de natación empezó a nadar todos los días antes de ir al colegio porque su madre, desesperada por la inatención e hiperactividad de su hijo, decidió ponerlo en clases de natación para que botara corriente.

Lo logró ¡y de qué manera! No solo se volvió campeón mundial de natación, sino que hoy en día es una persona que maneja perfectamente su dificultad de atención, lo que demuestra que ¡sí se puede!

Por ANNIE DE ACEVEDO
Psicóloga y educadora
 
 
Fuente: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-14849247
 

18 de noviembre de 2014

Alegría gozosa


MUDITA es un concepto budista, que significa gozo, pero no el gozo que conocemos, sino el gozo que te da al ser testigo que a los demás les va bien.  Un ejemplo clásico lo encontramos en el gozo de los padres observando que su hijo ya puede subir un árbol o que está empezando a desarrollar sus habilidades en tal o cual el deporte.

A un nivel más profundo consiste en alegrarnos por el éxito, el bienestar o el gozo de nuestros semejantes. La persona espiritual, cuando se siente dichosa por la dicha de los otros, es doblemente dichosa. Con la alegría compartida uno se siente pleno y satisfecho por la fortuna ajena. Ésta es pariente de la benevolencia, la generosidad y el desapego.

Mudita no es orgullo en quien la experimenta, pues no obtiene ningún beneficio del gozo o logro de los demás, es una expresión desinteresada que no busca ni obtiene beneficio.

“El que se alegra del mal del vecino,
el suyo le viene de camino.”
(Refranero popular)

A nivel práctico nos explayamos deliberadamente en el lado positivo de la vida para contrarrestar nuestra percepción del sufrimiento mundano. Muchas personas ante situaciones adversas contra su salud y crecimiento, logran salir adelante y llegan a desarrollarse armoniosamente. 

El término resiliencia se refiere a la capacidad del individuo para  afrontar y superar las adversidades de la vida. Uno de los pioneros en el estudio de la resiliencia, Boris Cyrulnik, neurólogo, psiquiatra, psicoanalista y etólogo francés, la define como “el arte de navegar en los torrentes, la capacidad de ser feliz incluso cuando tienes heridas en el alma.”

Metafóricamente hablando consiste en procurar mirar el árbol y no el bosque implica no magnificar los aparentes problemas. Siempre hay una solución disponible. Tal vez todos hemos tenido heridas en el alma, pero, ¿qué es lo que hace que una persona sea resiliente y que pueda superar tales heridas?Un cambio radical de actitud en la perspectiva de ver la vida. La actitud positiva y el buen humor permiten no sólo mantener la esperanza en los momentos más difíciles, sino que también facilitan una salida positiva.   

Denkô Mesa

(Fragmento de las enseñanzas sobre las "Emociones sublimes")